Antes de elevar anclas


Antes de elevar anclas

Isla Daniel

Fecundación y desarrollo de un embrión desconocido.

Así llegó él, de manera improvista como el inicio de este texto, sin coherencia, sin estructura, sin linealidad, sólo así. Entró en mí de forma silenciosa pero cuando me di cuenta de su existencia… lo sentí como las vibraciones de mis labios que produce la sangre al fluir fuerte y rápidamente por mi cuerpo cuando él silencio me besa. Asustado, extasiado, excitado, vulnerable, frágil y poderoso me veía ante un espejo que no reflejaba al hombre que siempre había visto. Ahora era él quien se apoderaba de mi cuerpo. Él guiaba mis movimientos haciéndome ver como una joven adolescente; como un bebé; como un psicópata que deseaba follarse a una mujer que decía ser su esposa, pero en la vida real sabía que era mi hermana. Él es un seductor que me atrapó y me hizo esclavo de sus locuras, de sus acciones incongruentes, de su éxtasis. Él es el caos y el orden, la rebeldía que me despojó de la disciplina hogareña y sembró en mí la crítica educativa. Él es quien me dice cómo escribir, no soy yo el dueño de estas líneas porque si lo desconozco me desconozco pues él siempre ha sido parte de mí. Él soy yo, Daniel Duque Cano. Él es el árbol que crece en medio del fuego infernal de un incendio forestal… Él es el arte, el teatro, mi pasión, quien fecundó mi ser y no lo supe hasta hoy día.
Recuerdo que fue una tarde de julio de 2012 cuando me enteré de que había aprobado el examen de la Universidad de Antioquia. El boleto para el viaje hacia lo diferente, lo no convencional estaba dado. Me encontraba trabajando en un call center[1]. Un lugar frío y lleno de personas que parecían autómatas, donde pocas veces recibíamos llamadas y las acciones como sonreír, hablar, ir al baño o beber un poco de café eran monitoreadas por cámaras y registros virtuales, pues la principal labor era contactar a deudores morosos e informarles de su retraso, no recibir llamadas. Un espacio dedicado a la productividad y no a lo humano. Sin embargo, aquel día fue diferente. Al saber la noticia, no pude contener las lágrimas en mis ojos, la ilusión de hacer parte de una de la universidad de la cual se había graduado mi padre se estaba haciendo realidad y, si bien sabía que mi mundo cambiaría, nunca dimensioné cuánto sería.
Pasó el tiempo y la Universidad de Antioquia se convirtió en el espacio donde el embrión del arte que habitaba en mí crecería. La ansiedad que generaba la matrícula de un curso, los comentarios entre compañeros sobre la severidad de un profe u otro y el coqueteo inevitable con las chicas de la universidad se mezclaban con trabajos, exposiciones y actividades que nutrían mi cuerpo no sólo de aprendizajes académicos sino también corpóreos. El arte escénico, comunicar con el cuerpo las múltiples posibilidades de ser y no ser, explorar la actuación y el teatro desde una mirada profesional y no sólo empírica, eran razones suficientes para desear empaparme de conocimientos sobre la relación arte escénico y lenguaje. Desde el inicio del pregrado siempre tuve la inquietud por esta relación y cada vez que tenía la oportunidad de hacer evidente mi interés por medio de un trabajo académico, exponía mi intenso deseo a partir de mi cuerpo y de temas afines con él.
Poco a poco fui alimentando el arte en mi interior adentrándome en los saberes del lenguaje, me fui dejando seducir por la fuerza de la lengua, comprendí que la educación no difería de las formas diversas de comunicar. Por el contrario, aprendí que a partir del saber y de mi pregrado, podía explorar un mundo que no se limitaba a las normas gramaticales de un idioma o al deber ser de los manuales de convivencia que enuncian la relación con el otro como una serie de comportamientos obligados que se deben desarrollar, paso a paso, como si fuésemos máquinas o programas de computadoras. Comprendí y reconocí que el lenguaje era tan amplio como formas de vida hay en el universo, que hablar de lenguaje era hablar de vida, no sólo de comunicación entre personas, también entre plantas, animales y seres que diferían de nuestros códigos lingüísticos pero que se comprendían y articulaban mucho mejor que los mismos seres humanos.
Cada curso, taller y práctica pedagógica temprana que precedieron a las prácticas pedagógicas finales, fueron fundamentales para la alimentación y crecimiento del embrión del arte que seguía sin reconocer. La construcción de saberes previos y posturas frente a la formación y la enseñanza de la lengua castellana estaban quedando registradas en mí, como el silencio y la quietud absoluta del cuerpo gélido de quien solía ser la tía más explosiva de mi familia materna. Comprendí entonces, que el contexto como concepto, no sólo refiere a la ubicación geográfica o al espacio en el que se encuentra ubicado el maestro, sino también a las problemáticas sociales, historia y experiencias por las cuales una persona o una institución han pasado para llegar a ser lo que es. Me reconocí como parte del contexto y aprendí a desaprender, comprendí por medio de una lógica diferente a la tradicional que los discursos, el currículo, la comunidad académica y la familia son un conjunto de piezas que no pueden funcionar de manera desarticulada, ya que hacen parte de la estructura principal de la educación y a su vez, del contexto, de las condiciones de posibilidad que permiten el desarrollo de saberes y la formación en cualquier ser humano y en cualquier espacio.
En la práctica III: enseñanza de la lengua y la literatura en primaria, reconocí que le temía a la verdad que encarnaban los niños. A diferencia de la interacción meditada con un adulto o un joven, con los infantes sentí la crueldad e inocencia desmedida en sus expresiones. Sus preguntas eran claras, escuetas, directas y voraces. Con ellos aprendí que el teatro es una gran herramienta para el maestro, ya que creé un personaje llamado Amantino el Campesino que me brindaba seguridad y la posibilidad de expresar aquello que deseaba enseñar en términos diversos. El lenguaje artístico y metafórico revoleteaba en mí cuerpo haciéndose pasar por un campesino anciano que necesitaba ayuda para escribir y leer. Sin embargo, cuando llegué a la práctica IV: enseñanza de la lengua y la literatura en secundaria, extrañé la sorpresa que los niños irradiaban cuando me veían como Amantino. El asombro y la aventura a la que invitan sus palabras y preguntas. Extrañé el aprendizaje soñando despierto, la imaginación, correr en el receso entre clases jugando a ser un animal que los devoraría; y reconocí que con adultos y jóvenes era más evidente la frialdad de la sociedad que había habitado en mí durante el tiempo en el que no tenía el boleto para emprender el recorrido por la Universidad de Antioquia.
Los movimientos bruscos de la vida que ahora me habitaba gracias al arte y que seguía siendo desconocida, se hicieron gratamente notorios en mi cuerpo, cuando escuché al maestro Carlos Andrés Parra Mosquera en su exposición de la línea de investigación de oralidad, materiales didácticos y relación ser humano-naturaleza: in-disciplinar la formación en lenguaje. Sentí que existía una conexión entre las ideas que había construido durante mi camino por el pregrado y las que él mencionaba. Además, me invadía una inquietud que sus palabras me generaron y más adelante sus enseñanzas responderían… ¿Coger mangos y tener contacto con un árbol también hacen parte de la práctica pedagógica?...

Isla Dayanna

Naufragio: un preludio.


Como estudiante del pregrado de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Humanidades, Lengua Castellana, me he educado bajo verdades y prácticas que privilegian saberes. Por ejemplo, sin bien, he  reconocido  saberes no disciplinares, ya que mis intereses me han llevado a involucrar dentro de mi currículo formativo electivas como Pedagogías Críticas[2]; aun así, desde mis paradigmas y automatismos, siempre consideré que mi rol desde una educación popular y rural, como maestra de Literatura y Lengua Castellana, era el de alfabetizar e involucrarlos, a ellos, los campesinos, “los analfabetas”, en mi mundo del lenguaje y la literatura; todo un pensamiento de colonización moderna. Desde esta idea, no me asumía como sujeto analfabeto de la vida o analfabeta sensorial, es decir, inculta para leer y sentir el lenguaje de las nubes o las estrellas, de las plantas o los ríos. Ser inculta en el lenguaje sensorial, pone en tensión la jerarquización de saberes y prácticas, tales como, leer y alimentarse, donde, sin sobreponerlos, me cuestiono sobre: ¿Mi existencia en esta tierra depende esencialmente de leer o alimentarme? ¿Cuánto sé de las prácticas para la lectura y cuanto sé de las prácticas para sembrar?
Teniendo presentes los interrogantes anteriores, este texto es la introducción a un análisis reflexivo, recursivo, introspectivo y receptivo, que, desde una investigación artográfica, se pregunta por ¿Cómo desde los lenguajes metafóricos (juego y arte), se pueden desarrollar procesos de saber ambiental, que resignifiquen la convivencia en espacios formativos no convencionales?
El análisis partió de un magma mental de todo lo que soy, desde lo simbólico y lo material, como: conversaciones durante y entre clases; conversaciones de trabajo y museo; encuentros de viaje. Lecturas, sueños, creencias y verdades. Respirar profundo, pensar en la ducha, epifanía en el bus. Hábitos, pasiones, movimientos y sentires. Procrastinar, recriminarse. Danzar, escuchar la música y no la letra. Piel erizada, amar, insomnio, lágrimas deslizándose por la cara, frío, olores ácidos, tocar un gato, rozar el pétalo de una rosa, escuchar la lluvia. Nacer en Urabá, ir al arado con mamita, hacer dormir a una planta a medio día, mi tía desgarrando los ovarios de una flor de San Joaquín para ponerme nariz de pinocho, paseos de ollas, nadar para no ahogarme, chupar mango, mamoncillo, tamarindo. Lo que no quiero decir y lo inefable.
Sin embargo, naufragar entre estos recuerdos desordenados, generó un mareo mental que disipaba el horizonte. No todo puede ser caos y dionisiaco. La vida se da en un constante intento por neutralizar los efectos de la entropía, desde el orden y lo apolíneo. En este sentido, he (mos) optado por una concepción del tiempo-espacio en espiral, lo que ha creado una interconexión entre todo lo que constituye mi vida, en la que todo se relaciona con todo y no hay un pasado, que no esté interconectado, con lo que sucede en este el presente.
En este sentido, para la construcción del análisis, desde una investigación artográfica, donde reflexiono sobre los procesos de mi vida, involucré mis prácticas de vida más privilegiadas en tiempo y dedicación. De ellas tengo memoria desde la edad de 11 años, persistiendo hasta ahora. La primera es la lectura de literatura, la segunda es la escritura o construcción de diarios personales y la tercera, en orden cronológico, es la fotografía, ya que, gracias a un regalo extranjero, llegó a mis manos una cámara digital. Sin embargo, cada una de estas prácticas, ha tenido temporalmente fisuras e intermitencias, además, el hecho de ser las prácticas más constantes durante largos periodos de mi vida, no ha implicado, que sea exitosa en su realización.  Aun así, practicarlas ha direccionado mi vida, por ejemplo, a la elección del pregrado que estudio.
Ahora, he teniendo presentes estas tres prácticas de vida: lectura, escritura, fotografía, como fuentes que reflejan los procesos de saber ambiental para la convivencia, que he desarrollado para la mencionada pregunta de investigación artográfica. Las tres fueron mis puntos de fuga para la transcripción de las reflexiones hechas, a partir de, experiencias, imágenes, sentires y gestos que necesitan romper silencios, para hacer ruido y a veces para ser salvavidas. Entre ellas he seleccionado un conjunto de apartados e imágenes, que buscan resaltar las principales rupturas que se han creado en mi vida desde los lenguajes metafóricos, a través de la resignificación de la convivencia, a partir de un saber ambiental. Lo cual se ha dado en mayor grado, en espacios de formación no convencional, diferentes a un aula de clase.
Sin embargo, hay que hacer énfasis en que esta investigación parte desde un aula de clase, en un ámbito académico. De ahí que, por ejemplo, una de las primeras actividades que se desarrolló en el seminario de la práctica pedagógica, fue responder a la pregunta ¿qué es naturaleza para mí?, a lo cual respondí
 En tres palabras: “Vida, Ciclos, Perfección/Caos”
La naturaleza, sinónimo de vida, la cual implica tiempo, ciclos donde algo nace, se transforma. En este sentido, la naturaleza misma es perfección ya que es sistemática, es decir, existen funciones en ella misma para que pueda darse, pero también es caos, ya que, su perfección no implica que no pueda modificarse o evolucionar, por esto también es dicotomía, entre lo que se debe ser y lo que se es o llega a ser
Esta concepción de naturaleza, no es incorrecta o correcta, su relevancia existe porque responde a mí proceso inicial. Es por esto que, desde lo que proponemos en este proyecto de grado, hablamos de la posibilidad de expandir significados, lo que requiere de soltar y agarrar, y de re-significar prácticas y saberes. Hablamos de un tiempo en espiral y rizomático, tiempo metafórico-relacional, donde los aprendizajes pasados los expando, se resignifican, se metamorforizan para crecer y crear nuevos mundos y miradas.
 Otro ejemplo de cómo se da la relacionalidad temporal en el texto, es la danza. Practicar danza contemporánea ha sido fundamental para mi formación personal. Sin embargo, mi identidad como profesora de español ha sido distorsionada por mis procesos de resignificación del cuerpo, para los cuales, la danza ha sido el puente de aprendizaje, amor y autoconocimiento. Cuando se pertenece al universo académico, se crean identidades conformadas por todos los imaginarios y simbologías culturales, entre estos, podemos ejemplificar la relación con el cuerpo a partir de la segunda piel, lo ornamental, el decorarse el cuerpo o la indumentaria.  A partir de este ejemplo, podemos evidenciar, las fisuras entre la identidad de un estudiante de Licenciatura en danza y de una estudiante de la Facultad de Educación, que estudia humanidades, lengua castellana; es natural, entre estas dos identidades, que se tengan concepciones diferentes del cuerpo, influenciadas por ámbitos histórico y disciplinares.
Los anteriores ejemplos, ayudan a comprender como, aunque estos suceden en el pasado, desde la relación del tiempo en espiral, transcienden en los siguientes tres apartados del Navegando en el archipiélago de este análisis. En el primero - Ante la niebla: Perderse también es encontrarse- podemos resaltar una reflexión sobre la relación: yo-lo otro humano y lo no humano. Allí abarco cómo inicio el proceso para realizar esta investigación artográfica, cómo se dio desde espacios formativos no convencionales y cómo empezó a construirse una relación con el saber ambiental.
En el segundo apartado: Caminos para ser ¿artista?, reflexiono sobre como mi vida ha sido afectada por el arte y los espacios intermedios, además toco el tema de la identidad, antes nombrado. En el tercer apartado: Una pedagogía del archipiélago, amplió la relación que he tenido con el arte y la relación yo-yo, desde la corporalidad, es decir, el cuerpo como un centro de práctica y reflexión para la formación. Este apartado es fundamental en el proceso de investigación, ya que se define la metáfora del archipiélago desde una construcción personal.

Isla Diana y Emilia de Colores.

Momentario I.

Son un conjunto de momentos, de cómo tejí relaciones conmigo, con las plantas, con otros, con la vida, con mi historia. De cómo remendé algunos de los hoyitos del tejido, reconciliándome, aprendiendo. Dan cuenta de una vida, unas heridas, unas alegrías y monerías. Cuentan momentos que intentan mostrar cómo cada acción, pensamiento, emoción, puede volverse punto de partida para sentir-pensar la vida y su complejidad.
En ellos quiero relatar cómo a partir de la relación con la literatura y por el interés que he tenido en el arte se creó en mí una curiosidad por la ficción, por otros mundos posibles, otras formas de nombrarlo, escribirlo, contarlo, dibujarlo. Con todo ello, intentaba ficcionalizar el mundo a mi alrededor, sin embargo, no sabía cómo podía encaminarlo (era como si ficcionalizara, casi sin darme cuenta).
Así, momento a momento he ido dándole sentido a las decisiones y acciones de mi vida y las he encaminado para llegar a darle otros sentidos. Es una tarea ardua, ya que como se enunció en la tensión de investigación, tenemos un malestar, estamos ante una grave crisis social y ambiental de la cual somos parte y es tarea de cada uno construir el amor, la consciencia y el respeto por la vida, todo tipo de vida, incluso, más aún la propia.
El Momentario dará cuenta de algunos fragmentos de mi historia, que traigo a mí porque han sido determinantes y me fueron mostrando cómo encausar, darle cause, a ese mar-y-rio inmenso y turbulento que se halla en mí. 
Los tomo como un inicio para explorar la vida y con ella la naturaleza, la educación, el arte, la alegría. Intentando tejer coherencia en mis palabras, mi sentir y mis actos, porque ¿Cómo resignifico el mundo a mi alrededor, si primero no me resignifico yo?
Y aquí estoy navegando este inmenso mar, siempre aprendiendo y sin verdades absolutas, recordando y escribiendo momentos a partir de un proceso de práctica que abre posibilidades.
Los relatos están escritos en presente, evocando esos momentos, como si estuviesen volviendo a pasar, como cuando los viví.
Así, querido lector le presento algunos relatos de mi viaje:
·         Diciembre de 2012:
Me gusta mucho leer creo que, gracias a mi papá, que desde que era muy pequeña me leía y yo lo veía leer, también porque en el colegio en el que he estudiado desde preescolar promueven mucho la literatura, además hay un impulso natural que no sé cómo explicar, me encanta conocer otras historias y sentirme allí, es increíble lo que los escritores hacen con las palabras. Por eso, ahora, adoleciendo y buscando, se gestó en mí un deseo, el ser de escritora, y con ese deseo se gestó otro ser, que incluso tiene otro nombre, no Diana. Ella y yo queremos escribir e incluso nos lanzamos casi que jugando a un concurso y…ganamos. El sueño de vivir en medio de letras, historias, poesía y bohemia se está haciendo más grande y constante. Ese ser escritora viene acompañado de todo lo que es mi vida y todo lo que quisiera ser, incluyendo que el otro año, gracias a ese deseo empezaré a estudiar humanidades y lengua castellana en la Universidad de Antioquia. En medio de gateos intentamos responder nuestras preguntas existenciales, también ser felices o por lo menos divertirnos, aprender, sentir mucho e imaginar, en medio de este mundo hostil para la sensibilidad. Y aquí está:
Soy Emilia de Colores, nací en un oscuro y sucio bar de rock donde sonaba punk de Nadie, punk medallo, sonaba la rabia de nosotros los jóvenes afectados por la crisis económica, social, moral, espiritual… La rabia, el alcohol, la ciudad miseria, la depresión, la música estridente, la noche, ¿la perdición?  O tal vez nací en una tarde psicodélica en donde bailaban el viento, los árboles y el sol, mientras las nubes se daban un gran beso de amor, danzaban al compás de la psilocibina.
Nací de una extraña combinación, de un salto al vacío, de una exhalación lúgubre, del último aliento de vida de una musa o quizá de alguna poetisa.
Tengo pensamientos y sentimientos confusos en las noches. Escucho la voz de esa psicóloga que dice qué hacer y cómo, el sonido burbujeante de la cerveza, siento el no futuro, un mundo que se va al abismo, es una sensibilidad exacerbada junto a una infinita tristeza. La euforia que acompaña a la calle, la algarabía, el tumulto de personas, la música estridente, no pensar y en el rostro una sonrisa tan grande que deja ver lo que no existe.
Vivo, solo vivo sin mucho pensar, escribo porque siento, siento mucho y la larga noche me llena, me hace suya, duermo poco, duermo de día y los días son cortos.
Moriré en cualquier momento, cuando deje de ver la magia y no quiera más, cuando se me quiten las ganas de comprender y aprender, cuando el aguante acabe, cuando exploten con éxtasis y dolor todos los colores. Y por pura curiosidad espero reencarnar.
·         Octubre de 2013
¿Cómo luchar con este desánimo existencial? ¿Con esta desesperanza? ¿Este dolor, esta tristeza? ¿Desde hace cuántas generaciones están diciendo que los jóvenes somos una generación perdida? Me siento perdida, como cualquiera de esas generaciones. Me siento en una degeneración. No me siento bien en el mundo. Ya sé que sueño crearlo de otro modo, veo caminos, alternativas, pero ¿cómo lo hago? ¿Cómo y cuándo mi cabeza dejará de perturbarme? ¿Cómo me quito la infinidad de tensiones que no me dejan estar tranquila? ¿Cómo me dejo avanzar? Busco y busco aparentemente, pero todo me sigue agobiando. Me duele el mundo, me duelen las personas, me duele mi ser, yo me duelo. ¿La esperanza es una alternativa? Pero para ser sincera, me siento encerrada, al parecer sí es limitada la forma de vivir el mundo, eso me digo, pero no me lo quiero creer.
·         Marzo de 2014:
El alcohol y la noche son como un escape, la salida de la decadencia de mi mente, la entrada a la perdición de afuera, de la calle, de lugares comunes. Recuerdo nebulosamente cuando estaba en el colegio, las noches me atrapaban. Aún hoy la noche y la calle se apoderan de nosotras. Tan solo con imaginarme a mí, Emilia, en medio de la noche, tras unos tequilas, unos cigarros, ya no hay dolor, ni preguntas por el sentido, ni respuestas que doy cada vez más cruelmente o que no respondo, porque no hay forma de hacerlo. Mundo cruel que nos hace vulnerables, al mismo tiempo que vulneramos a otros, mis padres, mis amigos, a nosotras. La doctora dice que todo estará mejor con las pastillas y con sus recomendaciones, pero no es verdad, por un rato sí deja de lastimar, pero cada vez nos perdemos más, esas pastillas nublan la vista y el sentir, aunque así no duela, me quitan el insomnio, pero también los pocos sueños que me quedan, no hay sentido, no lo encuentro y estoy cansada, no quiero buscarlo más, no hay sentido. 
·         Agosto de 2014:
La Universidad ya no es el lugar en el que quiero estar, no siento que aporte a la renovación mental y espiritual que necesito, me estoy ahogando, solo siento su presión y eso no me ayuda a salir de esta crisis. No importa, soy una cifra también, un promedio. Estoy sintiendo a la Universidad como una especie de cárcel para hacer algo que debo hacer: graduarme y ser “algo” en la sociedad. Por ejemplo, la investigación hasta lo que he visto es un campo frívolo que se encarga de cifras y datos, o las investigaciones cualitativas que van a las comunidades a preguntar y a hacer encuestas sobre la problemática, pero no dejan nada a la comunidad, como académicos solo nos valemos de las personas para hacer trabajos y no llevamos estos cambios, no veo cómo. 
·         Marzo de 2015:
No encuentro sentido a estar acá, ¿seré una malagradecida? O qué será este impulso fatal de muerte. Es como un cuento, como los que Emilia y yo solíamos escribir. Cada vez me siento más lejos de todo, no quiero estar, ni ser…
·         Mayo de 2015
Día de madres y un frívolo hospital. Estoy confundida, recuerdo un poco el camino hacia acá, me duele el estómago, estoy confundida, deliro, tengo pesadillas. Escucho “la paciente no puede pasar la noche sola”, mi hermano me acompaña y me pregunta cada tanto si todo está bien, es la madrugada él me lo dijo, porque yo creí que amanecía. Una ambulancia, hace frío y la boca me sabe a pastilla, no recuerdo haber comido. Recuerdo a mi hermanita pequeña preguntando qué pasaba, lágrimas de mi mamá diciendo que me “intoxiqué”. Ya ni sé quién soy. La muerte en mi paladar. El miedo en todo mi cuerpo, mi alma, mis entrañas. ¿Cómo podré morir y luego renacer?
(;)
·         Febrero de 2016:
Estoy trabajando en el Programa Guía Cultural de la Universidad, llegué aquí intentando ocupar mi cabeza en cosas que no me agobiaran. Aquí aprendí cosas que no creí que aprendería estudiando lengua castellana, también nos dan capacitaciones, recorridos guiados por el Museo de la Universidad, por el Museo de Antioquia, por la ciudad, aquí encuentro conocimiento y grandes experiencias, se despierta mi curiosidad. Lo que más me aporta y disfruto, personalmente, es la conexión que hay con la naturaleza y las personas.
En Guías, hay tres subgrupos de trabajo enfocados a labores específicas, uno de ellos es encargado de divulgar el patrimonio natural de la Universidad de Antioquia, que es como hablar de la naturaleza de la región, y yo estoy involucrada en el hacer de ese grupo. He reflexionado mucho estando en estos procesos y reconocimientos de la otra vida, de la vida que creemos alejada de nosotros tan humanos. Mientras estoy involucrada en ese hacer, me pregunto ¿por qué no estudié Licenciatura en Ciencias Naturales? O ¿Licenciatura en Ciencias Sociales? Ambas hablan y se involucran directamente con la naturaleza y con otras sociedades. Sin embargo, sé que este trabajo me permite un punto de convergencia entre esas otras disciplinas y la mía. Así, preparamos talleres de huertas y visitas guiadas en las cuales hasta actuamos. Es maravillosa esta forma de aprender y compartir lo que se sabe y se disfruta. Por esta experiencia es que pienso involucrarme más con los espacios de educación no convencionales, salir de las aulas y crear otro tipo de procesos educativos me hace sentir más cerca de las personas, es como si tanta lectura encontrara escuchas.  
·         Septiembre de 2016:
Estoy en la Ciudad de México, no en sueños, no alucinando. Viajé hasta acá por un trabajo de realicé en una materia lingüística y aquí estoy. Increíble, imposible, ante mi mente. Amo viajar, conocer, agradezco estar viva. Cuán cerrada puede estar una mente, yo he estado en profundos y oscuros vacíos y hoy estoy en un edificio muy alto mirando esta enorme ciudad.  Pensando en las personas que he conocido en este viaje, en la Universidad Autónoma de Chapingo con su enfoque agrológico y agroecológico, este tema me gusta mucho, más aún por mi trabajo en guías. El profesor que nos acompaña y varios compañeros que conocí son activistas de la sostenibilidad y apuestan a nuevas formas de habitar. Como dije mi trabajo es de lingüística, de pragmática y casi todos presentaban temas “verdes”, el compañero de mi grupo y yo somos como “moscos en sopa”, pero no me siento tan distante de este tipo de discursos. Estar aquí me abrió la mente y me dio muchas ganas de seguir haciendo y construyendo, ya más o menos veo por dónde.
·         Noviembre de 2016:
Cuando era una niña creía que mientras más pasaran los años más iba a entender el mundo, que me acoplaría y que seguramente sería feliz acoplándome y que en ese momento iba a entender todo. Me imaginaba así, pero no me sentía identificada con esas ideas, con cada año que pasaba, y pasa, menos me acoplo y menos quiero estarlo. Ahora, que se supone soy una mujer con responsabilidades y cosas de adultos en la cabeza, me sigo preguntando: ¿cuándo entenderé el mundo? Me digo, a veces con rabia, a veces con tristeza, otras veces con esperanza, que no puede haber una sola manera de habitar el mundo, que yo he visto en los ojos de personas muy malas: bondad, que a mí me ha cambiado la vida educarme en esto: lengua, literatura, arte, pedagogía, que me siento mejor persona de lo que era antes, que no quiero hacer daño al mundo ni a otros, que debe haber otras maneras de vivir aquí sin que sea tan tortuoso y que no puede ser solo exclusividad de algunas personas… Por eso ando buscando otras formas de vivir, de existir, de habitar, de convivir: pero es ensayo y error, como la vida. Busco, encuentro y no me hace feliz, busco y no encuentro, busco y encuentro, pero es una falacia. Supongo que así vivimos todos, buscando encontrar aquello que nos toque el alma, pero no sabemos qué es.

Isla Santiago

Epístola nebulosa.


De: La Posada del Viento
N° 418.
Copacabana, septiembre 7 de 2018
A: quien, como las estrellas que sabemos que existen, pero poco nos relacionamos con ellas.
¿Y qué vamos a investigar?
Querido desconocido:
-A vos, que poco compartimos, me dirijo: -
Solo quiero recordarte en caso de que no lo sepas; que, en los tiempos de antaño, en mi infancia, lo más importante era jugar; no había otra cosa que no fuese el juego mi desayuno, mi almuerzo y mi comida. El juego era para mí, ocio y divertimiento. Todas las noches -recuerdo que- me iba a la cama pensando en mis amigos y cuándo volvería a salir el sol para verlos y poder jugar de nuevo con ellos. Me tomaba el juego en serio porque así debía de serlo, pero no por ello dejaba de disfrutarlo, de hecho, lo disfrutaba aún más porque me lo tomaba enserio, me introducía en él y lo vivía completamente. Los juegos que más recuerdo en aquella época, no eran más que jugar al futbol, al doctor, a la mamá, al papá, al bombero, a los policías, los ladrones, al cocinero, al softbol, el profesor y miles más.
- Quiero decirte que te has perdido tiempos de asombro, de risas, de juegos, de libertad y de felicidad en mi niñez. -
A medida que iban pasando los años y después de varias circunstancias, decidimos, mi madre y yo, irnos a vivir al municipio de Copacabana. Los amigos, que una vez tuve en Medellín se han esfumado en el humo del carro de trasteo, han quedado atrás, porque hasta este momento, no los he vuelto a ver y me pregunto: ¿estarán viviendo?
Como es característico en la gran mayoría de los seres humanos, me adapté al espacio y conocí unos muy buenos compañeros, de hecho, agradezco a la vida y sus circunstancias por encontrarme con ellos y ellos por haberse encontrado conmigo. Lo interesante de esta historia, que gira alrededor de 2010 y de estos compañeros, es el lugar en el que se convocan.
A vos, ser extraño y que poco compartimos, te cuento; que las palabras para definir este lugar no las podré encontrar en ningún lado, demoraría siglos y esta carta no podría terminarse, sin embargo, lo único que puedo decirte, es que era el espacio del Arte, espacio, que hasta ese entonces, tenía por nombre, la Casa de la Juventud o que comúnmente la llamaban Casa Blanca. Lo especial de este lugar, era la escuela que allí se encontraba: Escuela popular de Arte urbano Hidra de Lerna. Un espacio para la investigación, el arte y la cultura.                                                                                      
Te cuento; que me involucré y me empapé de las dinámicas y el funcionamiento de la escuela, porque quería pertenecer a ella. El único problema, la pregunta que me hice una vez involucrado allí: ¿y cuál era mi arte?, esta pregunta, era indispensable para mí en esa época, ya que, de acuerdo con la solución que yo le diera, se decidiría mi participación, capacitación e interacción en la escuela y con el conocimiento. Resolver esta inquietud fue un poco complicado, ya que allí existían talleres de dibujo, composición lírica, taller literario, talleres de artesanía, break dance, cine foro, tertulias abiertas y fotografía. Es un espacio donde se compartía el conocimiento, la interacción con el arte y la contribución con el aprendizaje independiente y colaborativo, pero; ninguno llamaba mi atención; pasaron algunos días, meses y en el transcurso de ellos, mi mente recordaba y trataba de pensar a fondo qué es lo que le gustaba más a mi corazón. Desesperación, ansiedad, tristeza y melancolía eran los sentimientos que atravesaban mi pecho al no poder encontrar una respuesta. Llegaron los días del grado en el colegio y como estímulo por haberme graduado, me regalaron una cámara réflex, fruto de un capricho y una envidia que me generaba un familiar y las fotos que él tomaba. Pasaron unos meses y mientras pasaban estudiaba la cámara, sus funciones, la edición, la imagen, el encuadre, los planos, el movimiento, la luz, entre otras. De repente, así como desaparecieron mis amigos de Medellín en el humo del carro, habían llegado los recuerdos de mi infancia. Mi Arte era jugar, divertirme, asombrarme; llegaron los recuerdos de las incontables imágenes fotográficas con las que había experimentado; Y pensé: mi Arte, ahora es jugar con la luz, con el movimiento, con el color, con la perspectiva, con el entorno, con el ruido; jugaba con todo. La imagen significaba algo, era lenguaje que comunicaba.
Pasé cuatro años en la escuela hasta su desintegración. El municipio necesitaba Casa Blanca para la construcción de un nuevo hospital; todos los talleres que allí habitaban y todos los saberes que allí dialogaban, se esfumaron en los inicios y los polvos de una futura construcción. Pensé, que el arte que había descubierto, también se iría en el polvo y los escombros de Casa blanca.
Quizá no lo sepas, o a lo mejor hasta te lo han contado; aproximadamente en el 2013 mis estudios comienzan en el área del lenguaje, específicamente en la Licenciatura en Humanidades, Lengua Castellana. Te preguntarías ¿Por qué una licenciatura? Y la respuesta es simple; desde mi paso por la escuela de arte y todas las experiencias que allí surgieron, la única que más le di importancia es al cómo trasmitir todos nuestros saberes y, que estos tengan un impacto social y formativo. Eso, por un lado, y por el otro, existía una cuestión muy importante que era la relación con la fotografía y el gusto que empezaba a gestarse por la literatura; necesitaba encontrar una formación que me abriera la posibilidad de expandir el lenguaje que habitaba en la imagen, conocer el signo, la palabra y el lenguaje en sí mismo. Días, meses y años pasaron hasta llegar a la etapa final o quizá una de las más importantes de toda una carrera, el trabajo de grado.
Y ¿qué vamos a investigar?  Esa es la pregunta que tanto rodea a todos los compañeros del seminario de práctica y, por supuesto, a mí también. Lo más importante de este momento, fue contar la sabiduría y la inteligencia del profesor Carlos Parra, al darnos, el siguiente consejo: la investigación debe parir y pujar de las pasiones de cada uno; fue un consejo demasiado extraño. -Así, como la relación entre nosotros-. Era algo extraño oírle decir a alguien dentro de mi tiempo en la universidad, hasta ese momento, que una investigación de trabajo de grado o mejor aún una investigación de vida, sea fruto de las pasiones y, más en un mundo, donde los deseos, las pasiones y la imaginación han sido sustituidas por paradigmas cientificistas dominantes y una educación que acude a las lógicas disciplinares de un mundo del consumo o al menos en su mayoría. Y fue así como Daniel, Dayana, Diana y yo (Santiago) nos hemos juntado por medio de las pasiones en común como: el arte, el lenguaje, la naturaleza y el ejercicio docente para realizar una investigación de vida. Jóvenes que nos cuestionamos las relaciones, los modos de conocimiento, el saber, el vivir y el investigar que se han preferido y encasillado en un mundo homogeneizante y fragmentado.
-Que desde que he nacido hasta mi juventud, no has compartido otro pedazo muy importante: los tiempos de dudas, de reflexión, de preguntas, de estudio, de tristezas, de melancolías y de alegrías. -
Santiago Taborda López.





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